El mundo entero se ha acostumbrado tanto al espectáculo televisivo que ha dejado de ser un espectáculo para ser puramente televisión. Si las consecuencias romántico-nostálgicas de este hecho son devastadoras, imagínense el reparto desigual de la economía en virtud del seguimiento de cada equipo. Es como pedirle a Madrid que tenga un puerto marítimo. La sensación que uno se lleva al mirarlo desde fuera, sin la subjetividad con la que se redactan estas líneas, debe ser la de un masificado deporte que ya no es deporte, sino una masa. Una masa que sigue creciendo de manera progresiva e irrefrenable y que ha dejado de mirar atrás para seguir rompiendo con el pasado que hay delante. El día que deje de haber pasado, ¿qué será del fútbol moderno? ¿Será fútbol pasado? Si la estructura cíclica del universo que sueñan algunos como Alan Moore se acaba cumpliendo puede que volvamos a ver al Sheffield Football Club golpeando un balón de cuero de color ocre.
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martes, 16 de diciembre de 2014
La extinción del "romanticismo futbolístico"
El fútbol moderno parece ser el negocio perfecto, pero no lo es. Los casos de corrupción y la crisis institucional y deportiva que han sufrido diversos clubes históricos de España y de otros países, como es el caso del extinto Rangers de Glasgow, han sacudido la actualidad del deporte, borrando los cimientos de la moralidad y desdibujando la frontera entre lo que es el espectáculo de masas y la empresa del show business. El placer del fútbol de antaño, el fútbol por el fútbol, el ir al estadio con tu bufanda ondeando al viento, los nervios a flor de piel en los aledaños del campo, los cánticos, la tradición futbolera del transistor pegado a la oreja... El largo etcétera del romanticismo futbolístico se ha extinguido. Las acciones del pasado no han sobrevivido al paso del tiempo y llevan al menos un lustro -o más- supeditadas al servicio de la explotación televisiva.
El mundo entero se ha acostumbrado tanto al espectáculo televisivo que ha dejado de ser un espectáculo para ser puramente televisión. Si las consecuencias romántico-nostálgicas de este hecho son devastadoras, imagínense el reparto desigual de la economía en virtud del seguimiento de cada equipo. Es como pedirle a Madrid que tenga un puerto marítimo. La sensación que uno se lleva al mirarlo desde fuera, sin la subjetividad con la que se redactan estas líneas, debe ser la de un masificado deporte que ya no es deporte, sino una masa. Una masa que sigue creciendo de manera progresiva e irrefrenable y que ha dejado de mirar atrás para seguir rompiendo con el pasado que hay delante. El día que deje de haber pasado, ¿qué será del fútbol moderno? ¿Será fútbol pasado? Si la estructura cíclica del universo que sueñan algunos como Alan Moore se acaba cumpliendo puede que volvamos a ver al Sheffield Football Club golpeando un balón de cuero de color ocre.
El mundo entero se ha acostumbrado tanto al espectáculo televisivo que ha dejado de ser un espectáculo para ser puramente televisión. Si las consecuencias romántico-nostálgicas de este hecho son devastadoras, imagínense el reparto desigual de la economía en virtud del seguimiento de cada equipo. Es como pedirle a Madrid que tenga un puerto marítimo. La sensación que uno se lleva al mirarlo desde fuera, sin la subjetividad con la que se redactan estas líneas, debe ser la de un masificado deporte que ya no es deporte, sino una masa. Una masa que sigue creciendo de manera progresiva e irrefrenable y que ha dejado de mirar atrás para seguir rompiendo con el pasado que hay delante. El día que deje de haber pasado, ¿qué será del fútbol moderno? ¿Será fútbol pasado? Si la estructura cíclica del universo que sueñan algunos como Alan Moore se acaba cumpliendo puede que volvamos a ver al Sheffield Football Club golpeando un balón de cuero de color ocre.
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Sin balón, no hay fútbol.
Estaremos de acuerdo todos en que para que haya fútbol, debe haber un balón que ruede. Los esféricos, como los conocemos hoy, han pasado, como el fútbol en general, un proceso de transformación impactante desde los inicios de este deporte hasta hoy en día.
El primer tipo de balón creado para jugar a fútbol es el de tiento. Se le conoce así por el cordón que se usaba para cerrar las costuras del cuero. Eran balones muy rudimentarios, en los que el bote mismo no era siempre igual. La pelota no era una circunferencia perfecta, como en la actualidad, por lo que en el transcurso del juego podía haber acciones desafortunadas debido a las características del balón.
Además, los fenómenos meteorológicos también afectaban en el balón. Si se mojaba el cuero y el cordón, pesaba mucho más. Si hacía frío, normalmente tendía a endurecerse.
En 1970 hay una gran revolución al introducirse el balón con hexágonos, con el novedoso Telstar. Esto ayudó a estandarizar las medidas de producción y a mejorar la forma esférica que debían tener.
De aquí en adelante, habrá constantes innovaciones con los balones de fútbol. Tamaños, colores, formas de la "carcasa", materiales y muchos más experimentos que han provocado que algunos balones agraden más a unos jugadores que a otros. Dependiendo de las
características de cada jugador, la marca, la hechura o incluso el vuelo de mismo puede ser determinante para cada partido. Por ejemplo, en el Mundial 2010 de Sudáfrica, los porteros se quejaron enérgicamente del "vuelo impredecible" del Jabulani (balón oficial del mundial). Otro ejemplo, pero en este caso de balón bien aceptado, es el Tango 12 utilizado para la Eurocopa de Polonia y Ucrania en 2012.
De cuero o sintético, con hexágonos o formas desiguales, blancos o amarillos, lo que está claro es que sin balón no hay goles y sin goles no hay fútbol.
Daniel Grau (@14Grau)
El primer tipo de balón creado para jugar a fútbol es el de tiento. Se le conoce así por el cordón que se usaba para cerrar las costuras del cuero. Eran balones muy rudimentarios, en los que el bote mismo no era siempre igual. La pelota no era una circunferencia perfecta, como en la actualidad, por lo que en el transcurso del juego podía haber acciones desafortunadas debido a las características del balón.Además, los fenómenos meteorológicos también afectaban en el balón. Si se mojaba el cuero y el cordón, pesaba mucho más. Si hacía frío, normalmente tendía a endurecerse.
En 1970 hay una gran revolución al introducirse el balón con hexágonos, con el novedoso Telstar. Esto ayudó a estandarizar las medidas de producción y a mejorar la forma esférica que debían tener.De aquí en adelante, habrá constantes innovaciones con los balones de fútbol. Tamaños, colores, formas de la "carcasa", materiales y muchos más experimentos que han provocado que algunos balones agraden más a unos jugadores que a otros. Dependiendo de las
características de cada jugador, la marca, la hechura o incluso el vuelo de mismo puede ser determinante para cada partido. Por ejemplo, en el Mundial 2010 de Sudáfrica, los porteros se quejaron enérgicamente del "vuelo impredecible" del Jabulani (balón oficial del mundial). Otro ejemplo, pero en este caso de balón bien aceptado, es el Tango 12 utilizado para la Eurocopa de Polonia y Ucrania en 2012.
De cuero o sintético, con hexágonos o formas desiguales, blancos o amarillos, lo que está claro es que sin balón no hay goles y sin goles no hay fútbol.
Daniel Grau (@14Grau)
sábado, 13 de diciembre de 2014
La huella imborrable de Highbury
Highbury fue. En pasado, pero lo bueno de "haber sido" es que implicar existir. Y esa existencia ha marcado a muchas generaciones de aficionados del Arsenal y también de apasionados del deporte rey: el fútbol. Aficionados de generaciones anteriores al cierre de una localización casi mágica para practicar este deporte.
Highbury o Highbury Park fue el estadio del Arsenal desde 1913 hasta 2006. Su nombre oficial era Arsenal Stadium, pero nadie lo conocía con ese nombre porque popularmente, tanto la afición Gunner como los seguidores británicos y el resto de Europa y del mundo, lo conocía con el nombre del distrito londinense en el que estaba ubicado. La masiva afluencia de la afición del Arsenal provocó que la directiva del club norlondinense considerara el momento de decir adiós al romanticismo de Highbury para pasar a la grandeza del nuevo estadio: Emirates Stadium. Terminado el Emirates en 2006, los Gunners despidieron con mucho cariño y nostalgia el que había sido su hogar casi un siglo de vida y marchaban a un estadio donde todavía, ocho años después, no se han terminado de adaptar.
El emplazamiento que hacía las veces del estadio del Arsenal ha pasado a ser una urbanización de apartamentos de lujo denominada Highbury Square. No obstante, la empresa constructora quiso honrar al club británico respetando la antigua fachada exterior del campo y dejando el césped de Highbury Park haciendo las veces de una pequeña plaza/jardín.
El tiempo no ha podido borrar la huella que Highbury marcó en el fútbol inglés, en la hinchada Gunner y en la mente de cualquier aficionado al fútbol que sea capaz de recordar haber visto un partido en directo o en televisión jugado en este mágico recinto. Highbury fue. Y es.
David Lorao (@DavidLorao_23)
Highbury o Highbury Park fue el estadio del Arsenal desde 1913 hasta 2006. Su nombre oficial era Arsenal Stadium, pero nadie lo conocía con ese nombre porque popularmente, tanto la afición Gunner como los seguidores británicos y el resto de Europa y del mundo, lo conocía con el nombre del distrito londinense en el que estaba ubicado. La masiva afluencia de la afición del Arsenal provocó que la directiva del club norlondinense considerara el momento de decir adiós al romanticismo de Highbury para pasar a la grandeza del nuevo estadio: Emirates Stadium. Terminado el Emirates en 2006, los Gunners despidieron con mucho cariño y nostalgia el que había sido su hogar casi un siglo de vida y marchaban a un estadio donde todavía, ocho años después, no se han terminado de adaptar.
El emplazamiento que hacía las veces del estadio del Arsenal ha pasado a ser una urbanización de apartamentos de lujo denominada Highbury Square. No obstante, la empresa constructora quiso honrar al club británico respetando la antigua fachada exterior del campo y dejando el césped de Highbury Park haciendo las veces de una pequeña plaza/jardín.
El tiempo no ha podido borrar la huella que Highbury marcó en el fútbol inglés, en la hinchada Gunner y en la mente de cualquier aficionado al fútbol que sea capaz de recordar haber visto un partido en directo o en televisión jugado en este mágico recinto. Highbury fue. Y es.
David Lorao (@DavidLorao_23)
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viernes, 5 de diciembre de 2014
La última liga del Athletic
El Athletic Club de Bilbao es un
club con una historia llena de triunfos y de títulos en el fútbol español. Sin
embargo, su política de club de jugar solo con jugadores vascos, riojanos y
navarros le ha lastrado en estos tiempos en los que el deporte está tan
globalizado. Lejos quedan las épocas gloriosas en las que el conjunto vasco
dominaba el panorama futbolístico nacional y es que haciendo honor al refrán,
cualquier tiempo pasado fue mejor.
Han pasado ya 30 años desde que
el Athletic Club consiguiera su último gran título nacional. Fue en la
temporada 83/84 cuando el equipo rojiblanco realizó su última gran campaña en
la que alcanzó un doblete de Liga y Copa del Rey. El Athletic, dirigido por
Javier Clemente se proclamó campeón de liga ante su máximo rival, la RealSociedad. El partido se disputó en el viejo San Mamés y acabó con un resultado
de 2-1 gracias a los goles de Rocky Liceranzu. Poco después logró el doblete al ganar la Copa tras imponerse 1-0 (gol de Endika) al Fútbol CLub Barcelona en el Bernabéu en un partido que terminó con una bochornosa pelea entre ambos equipos.
Alberto García (@10Tucho)
miércoles, 3 de diciembre de 2014
El día que el Celtic conquistó Europa
"Y ahí estaban: Fachetti, Domenghini, Mazzola. Todos
medían metro ochenta, con sus bronceados Ambré Solaire, sus sonrisas Colgate y
el pelo engominado. Incluso olían bien. Por el otro lado estábamos nosotros,
una panda de enanos. Yo casi no tengo dientes, a Bobby Lennox también le faltan
y Ronnie Simpson no tiene ninguno. Los italianos nos miraban y nosotros les
dábamos nuestra mejor sonrisa. Parecíamos salidos del circo”, Jimmy Johnstone (ex-jugador del Celtic).
El Celtic de Glasgow, contra todo pronóstico, consiguió
alzarse con la Copa de Europa en la temporada 1966/67. Probablmente, el mejor
conjunto de la historia de Escocia, conseguía imponerse en Lisboa por 2 goles a
1 a un Inter de Milán plagado de estrellas.
Lo cierto es que esa temporada (1966/67), el conjunto dirigido por Jock Stein consiguió levantar todos los títulos a los que optaba. A parte de la gran conquista del continente europeo, la Copa de Europa, "The Bhoys" se alzaron también con la Liga Escocesa, la Copa de Escocia, la Copa de la Liga escocesa y la Copa de Glasgow.
La peculiaridad de este equipo, a parte de consagrarse como el mejor equipo en la historia del Celtic estaba en sus jugadores. Todos ellos eran escoceses. Es más, del propio Glasgow o alrededores. Como si de un equipo de barrio se tratase, "The Hoops" practicaban un fútbol vistoso y atractivo, buscando una y otra vez la portería rival.
Centrandonos en la competición europea, se debe mencionar el poderío ofensivo de los escoceses que en el camino a la final de Lisboa de 1967 lograron 15 goles a favor y solo 4 goles en contra. En su andadura europea habían dejado en la cuneta a rivales duros como el FC Zurich en dieciseisavos, el Nantes, campeón francés, en octavos, la Vojvodina, que le complicó la eliminatoria venciendo el partido de ida en cuartos, y el Dukla Praga en semifinales.
La final había llegado. Era 25 de Mayo de 1967 y los "Lisbon Lions" como fueron apodados por los aficionados portugueses, estaban ante la mayor oportunidad de sus vidas de hacer historia. El Celtic de Glasgow saltó al terreno de juego con Ronnie Simpson bajo palos; defensa para Jim Craig, el gran capitán Billy McNeill, John Clark y Tommy Gemmell; el centro del campo era propiedad de Bobby Murdoch y Bertie Auld; en ataque, el conocido como el "pequeño diablo" Jimmy Johnstone por banda derecha, la mayor leyenda del Celtic, Bobby Lennox, como extremo izquierdo y como delanteros, la dupla compuesta por William Wallace y Stevie Chalmers. Estos once nombres, estos once apellidos y estos once hombres, hicieron una de las mayores hazañas que se recuerdan en la historia del fútbol.
La final iba a empezar francamente mal, cuando en el minuto 6 de partido, Jim Craig comete un claro penalty sobre el delantero "nerazzurri" Renato Capellini, que el gran Sandro Mazzola iba a transformar. Con este resultado se llegaba al descanso. La moral que inyectó Jock Stein a sus jugadores fue tal, que saltaron al césped en la segunda parte convencidos de que iban a ganar la Copa de Europa. El empate a 1 llegó en el minuto 63, obra de Tommy Gemmell. Craig lograba resarcirse del penalty cometido con una asistencia magistral para que el lateral zurdo Gemmell perforara el arco defendido por Giuliano Sarti. El gol de la victoria del Celtic lo logró Stevie Chalmers a falta de solo seis minutos para el final del encuentro (minuto 84). Billy McNeill disparó a puerta con la suerte que el balón golpeó en Chalmers, desviando la trayectoria y haciendo imposible la estirada del meta italiano. El dominio del Celtic había sido escandaloso y, por fin, se coronaban como campeones de Europa. Un dato que refleja el domino del conjunto escocés son los 20 disparos a puerta, más otros tantos fuera que realizaron durante el encuentro, mientras que el Inter de Milán, tras el gol de penalty, tan solo disparó dos veces y no logró forzar ni un asaque de esquina.
El capitán Billy McNeill era el encargado de levantar la Copa de Europa. El grupo de amigos, el grupo de vecinos de Glasgow era un piña, y esa fue la clave que les llevó a conseguir el mayor título europeo a nivel de clubes.
Hace ya 47 años de la gesta de los "Lisbon Lions"
pero no cabe duda de que sus aficionados todavía recuerdan y recordarán la
única Copa de Europa conseguida hasta el momento por el Celtic de Glasgow y por
el fútbol escocés.
Daniel Grau @14Grau
Daniel Grau @14Grau
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jueves, 20 de noviembre de 2014
España 2010: Un triunfo inevitable
Nadie pudo parar lo inevitable. Todo hacía presagiar
lo que finalmente sucedió, especialmente tras el paseo que se dio la selección
de –por aquel entonces- Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, en la Eurocopa de
2008 proclamándose campeona de Europa por segunda vez en su historia. El fútbol
es igual o más caprichoso que la vida. Fortuito, aleatorio. Sacudido por olas
de azar y espuma de suerte. De los restos de esa tanda de penaltis que ganamos
a Italia hace ya seis años nació la consumación de una generación de
futbolistas inigualable. Inalcanzable. Mucho se ha escrito y oído de lo que
vivieron esos futbolistas. De lo que sufrieron. De lo que lograron. Pero ¿qué
vivió, sufrió y logró la afición de la Roja durante el Mundial de Sudáfrica de2010? Sigan leyendo si están preparados para la nostalgia porque toca viajar en
el tiempo, sólo cuatro años atrás.
Era el año 2010 y España llegaba al Mundial de
Sudáfrica con el colgante de “Campeona de Europa” y la identidad del “fútbol
tiki-taca”. El adiós de Luis Aragonés y la recogida de testigo de Vicente del Bosque habían generado muchas dudas en la afición española, pero el despliegue
de medios de comunicación de la Península Ibérica y posterior desembarco en
tierras africanas unido a la excitación del “Waka-Waka” de Shakira, disipó
todas las sombras del fracaso en la mentalidad de España. ¡Había llegado el
Mundial! Pero, ¡ay, amigos, qué poco duró la felicidad! Si de algo es capaz la
selección de fútbol de nuestro país es de lo mejor y de lo peor al mismo
tiempo. Y así fue. El destino se alineó con la suerte y Suiza obró el milagro:
0-1. Primer partido, primera derrota. ¿Qué pasó con esa ilusión desmedida? La
afición se echó encima. La prensa se echó encima. Todos nos echamos
literalmente encima del entrenador, de los jugadores, de las novias de los
jugadores, etc. Los críticos futbolísticos, expertos eruditos en la materia,
buscaban alguna explicación grandilocuente de lo que había sucedido. Nadie
encontraba la explicación, pero España estaba contra las cuerdas.
La victoria por 2-0 ante Honduras consiguió aliviar
ligeramente la herida abierta por los suizos, pero no la curó por completo. La
afición se volcó con el equipo mientras la prensa seguía sacando punta a la
derrota inaugural y a aspectos extradeportivos de algunos jugadores. El partido
ante Chile se convirtió en la primera final de la plantilla de Vicente del
Bosque. Un equipo agresivo, duro, insaciable, incansable. Una selección que cumplía
con el prototipo de los países Sudamericanos. El conjunto español acabó
logrando la victoria por 1-2, sin desplegar su mejor juego y no exenta de
sufrimiento. La voluntariedad de los chilenos también ayudó a ello, pues les
bastaba con ese resultado para clasificarse a los octavos de final como
segundos de grupo.
¡Lo que es el fútbol! De estar eliminados, hundidos
absolutamente en la mayor vergüenza, del fracaso nacional y completamente
estrepitoso… ¡España pasaba a octavos como primera de grupo! El cruce quiso que
el país viviera un duelo casi geográfico, enfrentándonos a la Portugal de Cristiano Ronaldo. El “cerrojo luso” nos mermaba ofensivamente, mientras la
presencia de la estrella del Real Madrid creaba peligro con solo respirar cerca
de la zaga roja. ¡Y cómo soplaba! El partido avanzaba y con ello comenzaron los nervios en España. Pronto se disiparon cuando Vicente del Bosque
dio entrada a Fernando Llorente, que revolucionó completamente el encuentro con
sus ganas y su envergadura, volviendo literalmente loca a la pareja de
centrales de Portugal. Sin embargo, de sus botas no vino el gol de la victoria.
Villa se convertía en leyenda metiendo a su país en cuartos de final: 1-0.
Paraguay esperaba en cuartos. El estado de excitación
que provocó la “Roja” en el país era indescriptible. Regueros de personas
llenaron las calles con el color de su selección. Un país unido por la
sensación de que los paraguayos eran una selección menor, fácil de derrotar.
¡Creíamos que ya estábamos en semifinales y qué equivocados estábamos! La
agresividad que desplegó el equipo sudamericano sorprendió a la afición
española, que vio pasar el fracaso ante sus ojos cuando Piqué cometía un
clarísimo penalti. La estrella de Casillas no dejó de brillar en Sudáfrica 2010
y obró el milagro. Una jugada después, Xabi Alonso gozaba de la misma
oportunidad que los paraguayos y perdonaba como ellos. Otra prórroga se
avecinaba, pero el “Guaje” se hacía grande y metía a España –por primera vez en
su historia- en las semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010.
El éxtasis estalló. La prensa generó tal nivel de
hormonamiento futbolístico que generó una ansiedad en la sociedad pocas veces
alcanzada. Lo que no haga el fútbol… El partido llegó antes de lo imaginado y
las plazas, los bares, las casas, las calles, ¡toda España se llenó para ver el
duelo contra Alemania! Final casi anticipada para muchos, los alemanes nos la
tenían jurada desde aquel gol de Torres dos años atrás que les robaba la Eurocopa de 2008. El despliegue físico de Alemania hacía pensar en Llorente
como arma de destrucción, pero Vicente del Bosque metió a Pedro en el once
inicial y el canario se salió. Bailaba con el balón con tanta clase y destreza
que la zaga alemana sólo podía observar impasible la calidad del canario. El
partido fue de España. Las plazas, los bares, las casas, las calles, ¡toda
España confiaba en su selección y sabía que iba a ganar! Sólo era cuestión de
tiempo. Y el reloj se paró en la cabeza de Puyol. Su vuelo fue el vuelo de
España, su testarazo fue el testarazo de España, su grito fue el grito de
España. Su antológico gol es el mejor resumen de aquella generación de
futbolistas que tenían el cielo a 116 minutos de distancia.
Y así fue. Ya no importan las ocasiones de Robben, ni
el fallo de Cesc, ni la agresividad desmedida de Holanda, ni la derrota ante
Suiza, ni las dudas sobre Vicente del Bosque, la novia de Casillas o las
sombras de pasado. Ya no importan las lluvias en las plazas repletas de
españoles, la angustia en los bares españoles, los gritos en las casa
españolas, las pisadas en las calles españolas. ¡Toda España rugió en el 116’!
Andrés Iniesta lo hizo. Aquello que nadie creía posible, lo hizo; aquello que
generaciones y generaciones de españoles soñaron, lo hizo; unir a toda la sociedad
de un país, lo hizo. Del silencio de Iniesta a Casillas levantando el mundo al
cielo pudieron pasar horas, minutos y segundos, pero la eternidad que alcanzó
España, la eternidad que alcanzamos todos nosotros, María, José, Pedro, Paco,
David, Daniel, Víctor, Alberto, Luis, Ana, Marta. La eternidad en una estrella
se hizo nuestra. ¿Por qué? Porque nadie pudo parar lo inevitable.
David Lorao @DavidLorao_23
martes, 18 de noviembre de 2014
Gol en Las Gaunas
“Gol en Las Gaunas” es, con toda
probabilidad, la frase más recurrente cuando, en un corro de amigos, alguien
entona la clásica imitación del Carrusel Deportivo. Tal vez no fuera la que más
a menudo se repetía en aquellas tardes de radio, pero por alguna razón quedó
grabada en la memoria colectiva. Hay quien argumenta que la causa es la
musicalidad que posee el nombre del estadio del Club Deportivo Logroñés.
En este artículo nos acercaremos a la
historia de un club de fútbol humilde, en una ciudad pequeña y que no ha conseguido
grandes títulos pero sí se ha ganado el cariño de todos los aficionados al
fútbol de antes, al que estaba gobernado por los sentimientos.
El Club Deportivo Logroñés era el equipo
emblema de la comunidad de La Rioja, fundado el 30 de mayo de 1940, el equipo
alcanzó la gloria entre 1987 y 1996, temporadas en las que militó en la primera
división del fútbol español. En este período fue cuando nació la popular frase
de los carruseles deportivos debido al nombre del estadio.
En una ciudad en la que el deporte de alto
nivel nunca había estado presente la presencia del Logroñés sirvió de impulso a
Logroño de una manera inimaginable para la gente del lugar. Todas las semanas
que el equipo jugaba en el municipal de Las Gaunas las gradas se poblaban de
gente que iba a animar a su equipo y a ver a las grandes estrellas que
visitaban la capital riojana entre las que se incluyen Maradona, Redondo, Stoichkov, Guerrero o Arconada.
Uno de los grandes valedores de este
proyecto fue Marcos Eguizábal que cogió al club en primera división y con el
descenso a segunda en la temporada 94/95 se comprometió a dejar el club en el
lugar dónde merecía estar. Esto lo consiguió en la siguiente campaña en la que
el equipo, dirigido por Juande Ramos, realizó una excelente campaña y logró en
Toledo el segundo ascenso a primera del club blanquirrojo al imponerse al C.D. Toledo por 1-2. Para este encuentro tan importante se desplazaron hasta la
ciudad manchega más de 3.000 riojanos.
Marcos Eguizábal había cumplido con su
palabra y se marchó del club. Sin embargo, la venta del equipo a un grupo de
empresarios riojanos supuso el principio del fin para un proyecto y un conjunto
que se había ganado el respeto y la simpatía de la mayoría de los estadios por
los que había paseado el nombre de La Rioja. En sólo 4 años tras la venta el
Logroñés pasó de conseguir un ascenso a primera división hasta la Tercera, lo
que supuso la ruina para el conjunto riojano. En la temporada después del
ascenso los blanquirrojos terminaron últimos por lo que descendieron a la
segunda, donde permanecieron 3 años. Fue en el verano del 2000 cuando un doble
descenso, deportivo y económico mandó al club a la Tercera División y casi
provoca su desaparición. Desde ese momento el Club Deportivo Logroñés fue dando
tumbos entre la Tercera y la Segunda B acarreando una deuda imposible de pagar
hasta que, en 2009 se consumó la desaparición del equipo de todos los riojanos.
Por el Club Deportivo Logroñés han pasado jugadores y entrenadores muy
conocidos para los aficionados del fútbol español como Juande Ramos o Miguel
Ángel Lotina en el banquillo o Julen Lopetegui y Agustín Abadía en el campo.
martes, 11 de noviembre de 2014
La Leyenda de los "Tricky Trees"
Viajamos en el tiempo,
y lo hacemos a una ciudad del centro de Inglaterra, concretamente a Nottingham,
situada en la región de East Midlands. El motivo de este viaje no es otro que
recordar la época más gloriosa de los "Tricky Trees" (Nottingham
Forest) y las dos Copas de Europa conseguidas en las temporadas 1978/79 y
1979/80.
Con un Real Madrid
hexacampeón de Europa, un Bayern de Münich tricampeón y dos bicampeones en la
ciudad de Milán (AC Milán e Inter), aparecen los años de mayor dominio europeo
del fútbol inglés. Entre la temporada 1976/77 y la temporada 1981/82, tres equipos
ingleses (Liverpool, 3, Nottingham Forest, 2, y Aston Villa, 1) se alzaron con
la Copa de Campeones de Europa, el mayor título a nivel de clubes del Viejo
Continente.
La primera Copa de Europa…
El Forest disputó por
primera vez la Copa de Europa en la temporada 1978/79. Por aquel entonces, la Copa
de Europa la disputaban 32 equipos, comenzando directamente en eliminatorias,
sin pasar una fase previa de grupos. El sorteo de dieciseisavos no fue todo lo
bien que quisieran, pues el azar les había emparejado con el Liverpool FC
inglés, que dirigido por Bob Paisley y, comandado en el terreno de juego por
Kenny Dalglish, habían salido campeones de las dos anteriores ediciones de la
Copa de Europa (3-1 ante el Borussia de Monchengladbach de Udo Lattek y 1-0
ante el Brujas de Ernst Happel).
La ida en el City
Ground de Nottingham dejó un resultado favorable a los "Tricky trees"
de 2 goles 0. La vuelta en Anfield se pintaba, cuanto menos, emocionante. El
partido fue decepcionante y terminó con el resultado de empate a 0. El Notts
estaba en octavos de final y allí le esperaba el AEK de Atenas que había
superado al Porto.
No tuvieron piedad de
los griegos los muchachos de Brian Clough pues le endosaron un 7-2 de parcial,
repartido en un resultado de 1-2 en el Olímpico de Atenas y un 5-1 en casa. Los
cuartos de final, casi impensables cuando se clasificaron para la Copa de
Campeones de Europa la temporada anterior, ya era una realidad.
En cuartos se medirían
a un duro Grasshopers suizo que venía motivado tras haber eliminado al Real
Madrid en octavos remontando un 3-1 del partido de ida. La eliminatoria se
descompensó en el encuentro de ida, cuando el Forest se impuso por 4
goles a 1. La vuelta en terreno suizo concluyó con empate a 1.
Sin hacer mucho ruido,
el conjunto inglés se había plantado en semifinales. El FC Köln era ahora el
rival a batir. La ida se disputó en el City Ground de Nottingham. Fue un
partido vibrante en el que ambos conjuntos dieron muestra de su poderío
ofensivo. Empate a 3 en el marcador y todo se emplazaba a tierras alemanas. La
vuelta se antojaba un partidazo y no decepcionó, pues los dos equipos tuvieron
ocasiones para llevarse la victoria pero fue el Forest, con un gol de Ian
Bowyer el que se impuso y se clasificó para la final en Munich.
El Nottingham Forest
inglés y el Malmo FF sueco disputan la primera final europea de su historia. En
las gradas, 58.000 espectadores presenciaron el partido. Tras una primera parte
en la que la ocasión más clara fue para el Forest, con un disparo de Robertson
al palo, ingleses y suecos se retiraban a los vestuarios soñando con la Copa de
Europa. Nada más iniciar el segundo tiempo, una jugada en banda de los “Tricky
Trees” terminaba en un centro al segundo palo que remataría al fondo de las
mallas Trevor Francis. No hubo más goles en el encuentro y el Nottingham se
alzaba con su primer título europeo. John McGovern era el encargado de levantar
la copa como capitán de aquel histórico equipo.
Pero el sueño no iba a acabar aquí...
Tras un verano en el
que el Nottingham perdió la Supercopa de Europa ante el Valencia (2-1 en
Inglaterra y 1-0 en España), se presentaba una nueva edición de la Copa de
Europa, en la que el conjunto inglés debía mantener el nivel de la edición
interior o, al menos, intentarlo.
Esta vez no fue tan
duro el primer sorteo y los pupilos de Brian Clough se vieron emparejados en
dieciseisavos de final con el Östers IF sueco. La ida en el City Ground terminó
con un resultado favorable para los locales de 2 goles a 0. La vuelta en la
fría ciudad de Växjö no dejó helados a los del Forest y sacaron un empate a 1
que les valía la clasificación a octavos. Allí, le esperaba el Arges Pitesi FC.
La eliminatoria frente
al conjunto rumano no fue más que un mero trámite ya que ambos partidos fueron
dominados y ganados por el Nottingham, venciendo en Inglaterra por 2 a 0 y
sentenciando la eliminatoria en la vuelta con un 1 a 2.
En cuartos de final,
la eliminatoria no fue todo lo bien que hubieran querido los aficionados del
Notts. En la ida, se cosechó la primera derrota en casa del Nottingham en Copa
de Europa. El Dynamo de Berlín se impuso por 0 a 1 y se llevó a Alemania un
resultado que podía servirles la clasificación para “semis”. Pero no fue así.
Con el coraje y la garra que caracterizaba a este equipo, los ingleses viajaron
a tierras teutonas convencidos de llevarse la victoria y pelear en las semifinales
por estar de nuevo en la gran final. Desde el minuto 1 al 90, el Forest peleó la
victoria y acabó imponiéndose por 1 gol a 3. Las semifinales eran ya una
realidad. El Ajax de Amsterdam, tricampeón de Europa por aquel entonces, era el
último escollo a batir antes de la ansiada segunda final.
Como todas las
eliminatorias de esta edición 79/80 de la Copa de Europa, el Nottingham Forest
debía disputar el primer partido en casa, en el City Ground. El estadio inglés
volvió a ser un fortín y el todopoderoso Ajax cayó derrotado por 2 goles a 0.
Dos semanas después, la vuelta en Amsterdam se presentaba como el partido más
importante de toda la edición. No defraudó. El encuentro tuvo momentos de
tensión y las gradas vibraron en todo momento. Finalmente el Ajax se llevó la
victoria por 1 gol a 0 pero no la clasificación. El Nottingham Forest volvía a
estar en la final y podía alzarse como bicampeón de Europa.
Enfrente tendrían un
duro rival, el Hamburgo SV. El club alemán había derrotado en semifinales al
Real Madrid, tras caer en la ida por 2 goles a 0 y remontar en Alemania con un
contundente 5 a 1. Precisamente la final era en el estadio español del Real Madrid,
el Santiago Bernabeú.
Nottingham y Hamburgo
tenían la posibilidad de alzarse con la Copa de Europa. Para los ingleses, la
segunda, mientras para los alemanes, hubiese sido la primera. El partido
comenzó con los conjuntos algo reservados y con tímidos acercamientos al área
rival. En uno de ellos, en el minuto 21, el delantero escocés de los “Tricky
Trees”, John Robertson, sacaba un disparo desde la frontal del área y alojaba
el balón en la meta de Rudolf Kargus. De ahí al descaso, pocas ocasiones por
parte de ambos conjuntos. El 1-0 valía y el Nottingham no iba a dejar penetrar
su arco en la segunda mitad. Pese a ello, el Hamburgo tuvo una clara ocasión en
la segunda mitad cuando estrelló un balón en el palo de la portería defendida
por Peter Shilton. Llegó el minuto 90 y el silbato del portugués Garrido
provocó el delirio en la zona “Roja” del estadio Bernabeú. De nuevo John
McGovern, capitán del Nottingham Forest más laureado de su historia, sería el
encargado de llevar a lo más alto la copa que les acreditaba, por segundo año
consecutivo, como el mejor equipo de Europa.
El año siguiente, el Nottingham Forest caería ante el CSKA de Sofía búlgaro en la primera ronda por un doble 1-0 en la ida y en la vuelta.
El sueño se había
acabado, pero el recuerdo y las dos copas en las vitrinas del City Ground es
algo que nunca olvidarán todos los aficionados de este “pequeño” club que llevó
a la ciudad de Nottingham a ser el centro europeo del fútbol y, por ende, a ser
recordada históricamente por todos los aficionados de este deporte.Daniel Grau @14Grau
jueves, 6 de noviembre de 2014
La magia de Verona
Al norte de Italia, rodeada de colinas y bañada por el meandro del río Adigio, Verona se define como un paraíso turístico y de ocio de gran envergadura gracias al arte, la poesía y el amor literario que inspiró a Shakespeare a escribir una de las obras más famosas de la historia: "Romeo y Julieta". Impregnados por su milenaria historia de los pueblos que gobernaron allí, sus íntimos edificios tejen un laberinto de polvo y pasado que nunca lograremos conocer con detalle. En una ciudad donde los símbolos románticos envuelven con magia sus calles, el fútbol tuvo su mágico y romántico momento en Verona en el año 1985. Ese año en el que los 'Scaligeri' (hinchas del Hellas Verona) pusieron a sus pies al fútbol italiano, y consiguieron llegar a la cúspide del éxito y llevar el 'Scudetto' a las puertas del Marcantonio Bentegodi.
Ese año, nada ni nadie pudo parar el desenlace de la Serie A más singular de toda la historia. Aunque el fútbol italiano desprendía calidad gracias a los maestros de la época (Platini en la Juventus, Rummenigge en el Inter, Conti en la Roma, Baresi en el Milán, Passarella en la Fiore, Zico en el Udinese y, recién fichado, la gran estrella del momento, Maradona en el Nápoles); a pesar de todos ellos, el modesto y humilde fútbol veronés - que solamente llevaba 2 años en la primera división italiana - se fue abriendo paso en la Serie A para destronar a todos aquellos mitos y escribir su propia historia.
En campañas anteriores, el conjunto veronés ya se había hecho notar al asomar la cabeza en Europa gracias al cuarto y sexto puesto que había cosechado tras su ascenso a la élite del fútbol italiano (además de llegar a la final de la Coppa Italia en ambos años). Osvaldo Bagnoli, el queridísimo entrenador - del que aún hoy en día se acuerdan en Verona - sorprendió a toda Italia aquel verano de 1984. Con dos fichajes claves para el Scudetto que acabarían ganando, cambió el modelo de trabajo que venía haciendo. Esos dos fichajes fueron el alemán Hans-Peter Briegel, un central que venía del Kaiserslautern, y el danés Preben Elkjaer, un delantero proveniente del Lokeren. La mano de Bagnoli consiguió crear una familia futbolística dentro del vestuario, y así fue elaborando lo que acabaría siendo su gran triunfo. Con Claudio Garella bajo palos y una defensa de 4 formada por Volpati, los hermanos Ferroni y el gran capitán Roberto Tircella formaron la base defensiva del Hellas, siendo el equipo menos goleado de la categoría con solamente 19 goles encajados. En el centro del campo, Antonio Di Gennaro como perro de caza, destrucción y recorrido; a su lado, Briegel, que veía adelantada su posición habitual en el Kaiserslautern, pero que pronto se adaptó a mantener todo el medio campo. En las bandas, Luciano Bruni y Pietro Fanna, ex-jugador de la Juventus. Y en la delantera, a pesar de ser desconocidos, con una aportación de 20 goles en la liga, la pareja Elkjaer y Galderisi.
La leyenda del Hellas Verona no podía comenzar sino a la par que con el comienzo de otra leyenda, la de Maradona en el Nápoles. La victoria por 3-1 del Hellas sobre los napolitanos, con el inolvidable marcaje de Briegel sobre Maradona, jamás será olvidada. El Hellas se acomodó ya en una primera posición que no abandonaría en todo el año. A las pocas semanas de la victoria sobre los napolitanos, la Juventus aparecía para robarles ese primer puesto, pero las esperanzas de la Vecchia Signora fueron completamente borradas con el partido más memorable de un Elkjaer que marcó un gol antológico. En la décima jornada, el conjunto veronés visitaba al Torino, un equipo temible y con el que estaba el liderato en juego. Hellas Verona se adelantó con un golazo de Briegel, pero Dossena empataba antes del descanso. Finalmente, Marangón ponía el sorprendente 1-2 final, en el considerado como el partido más trascendental en el Scudetto del 85.
Pero, como en toda temporada, la crisis del Hellas no se hizo de esperar. Tres empates y una derrota consecutivas hicieron temblar los cimientos del equipo de Bagnoli. La prensa comenzó a sembrar de dudas al conjunto veronés, poniendo en tela de juicio la capacidad del equipo para aguantar la presión en momentos trascendentales. La derrota ante Udinese metió en la pelea por la liga a Nápoles, Torino y Juventus, aunque nadie imaginaba que, a partir de ese momento, ningún equipo sería capaz de frenar a los veroneses. Una serie de victorias que nadie pudo seguir alcanzó su máximo estado de confianza tras aquel partidazo que acabó ganando 5-3 al Inter. El momento más tenso de la temporada, además de aquella pequeña "crisis", llegó con la derrota ante el Torino en su estadio; pero el punto definitivo que le daría el 'Scudetto' al Hellas Verona llegaría en Bérgamo, en aquel empate en el campo del Atalanta por 1-1.
Por toda Italia se extendió la indignación de los que perseguían a aquel grupo y el entusiasmo desmedido de una afición que no estaba acostumbrada al sabor del éxito. El considerado como uno de los triunfos más sorprendentes de los últimos tiempos se instaló en Verona, después de 15 años sin que el Scudetto no se repartiese entre Milán, Turín y Roma.
Ahora, el Hellas Verona ha regresado a la Serie A tras mucho tiempo en la Serie B, la 2ª División Italiana, y nadie parece recordar que, por una vez, por un instante eterno, la ciudad de Verona cambió la magia literaria que impregna sus calles por el mágico aroma de la victoria. El fútbol les hizo inmortales.
David Lorao @DavidLorao_23
David Lorao @DavidLorao_23
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