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sábado, 13 de diciembre de 2014

La huella imborrable de Highbury

Highbury fue. En pasado, pero lo bueno de "haber sido" es que implicar existir. Y esa existencia ha marcado a muchas generaciones de aficionados del Arsenal y también de apasionados del deporte rey: el fútbol. Aficionados de generaciones anteriores al cierre de una localización casi mágica para practicar este deporte.



Highbury o Highbury Park fue el estadio del Arsenal desde 1913 hasta 2006. Su nombre oficial era Arsenal Stadium, pero nadie lo conocía con ese nombre porque popularmente, tanto la afición Gunner como los seguidores británicos y el resto de Europa y del mundo, lo conocía con el nombre del distrito londinense en el que estaba ubicado. La masiva afluencia de la afición del Arsenal provocó que la directiva del club norlondinense considerara el momento de decir adiós al romanticismo de Highbury para pasar a la grandeza del nuevo estadio: Emirates Stadium. Terminado el Emirates en 2006, los Gunners despidieron con mucho cariño y nostalgia el que había sido su hogar casi un siglo de vida y marchaban a un estadio donde todavía, ocho años después, no se han terminado de adaptar.


El emplazamiento que hacía las veces del estadio del Arsenal ha pasado a ser una urbanización de apartamentos de lujo denominada Highbury Square. No obstante, la empresa constructora quiso honrar al club británico respetando la antigua fachada exterior del campo y dejando el césped de Highbury Park haciendo las veces de una pequeña plaza/jardín.

El tiempo no ha podido borrar la huella que Highbury marcó en el fútbol inglés, en la hinchada Gunner y en la mente de cualquier aficionado al fútbol que sea capaz de recordar haber visto un partido en directo o en televisión jugado en este mágico recinto. Highbury fue. Y es.

David Lorao (@DavidLorao_23)


viernes, 5 de diciembre de 2014

La última liga del Athletic


El Athletic Club de Bilbao es un club con una historia llena de triunfos y de títulos en el fútbol español. Sin embargo, su política de club de jugar solo con jugadores vascos, riojanos y navarros le ha lastrado en estos tiempos en los que el deporte está tan globalizado. Lejos quedan las épocas gloriosas en las que el conjunto vasco dominaba el panorama futbolístico nacional y es que haciendo honor al refrán, cualquier tiempo pasado fue mejor.


Han pasado ya 30 años desde que el Athletic Club consiguiera su último gran título nacional. Fue en la temporada 83/84 cuando el equipo rojiblanco realizó su última gran campaña en la que alcanzó un doblete de Liga y Copa del Rey. El Athletic, dirigido por Javier Clemente se proclamó campeón de liga ante su máximo rival, la RealSociedad. El partido se disputó en el viejo San Mamés y acabó con un resultado de 2-1 gracias a los goles de Rocky Liceranzu. Poco después logró el doblete al ganar la Copa tras imponerse 1-0 (gol de Endika) al Fútbol CLub Barcelona en el Bernabéu en un partido que terminó con una bochornosa pelea entre ambos equipos.




A pesar de que en los últimos años el Athletic ha conseguido realizar grandes temporadas con la consecución de dos finales de Copa y una de Europa League, no han vuelto los títulos a San Mamés y el conjunto rojiblanco sigue intentando dar una alegría a su afición para volver a pasear la Gabarra por la ría de Bilbao.



Alberto García (@10Tucho)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El día que el Celtic conquistó Europa

"Y ahí estaban: Fachetti, Domenghini, Mazzola. Todos medían metro ochenta, con sus bronceados Ambré Solaire, sus sonrisas Colgate y el pelo engominado. Incluso olían bien. Por el otro lado estábamos nosotros, una panda de enanos. Yo casi no tengo dientes, a Bobby Lennox también le faltan y Ronnie Simpson no tiene ninguno. Los italianos nos miraban y nosotros les dábamos nuestra mejor sonrisa. Parecíamos salidos del circo”, Jimmy Johnstone (ex-jugador del Celtic).


El Celtic de Glasgow, contra todo pronóstico, consiguió alzarse con la Copa de Europa en la temporada 1966/67. Probablmente, el mejor conjunto de la historia de Escocia, conseguía imponerse en Lisboa por 2 goles a 1 a un Inter de Milán plagado de estrellas.

Lo cierto es que esa temporada (1966/67), el conjunto dirigido por Jock Stein consiguió levantar todos los títulos a los que optaba. A parte de la gran conquista del continente europeo, la Copa de Europa, "The Bhoys" se alzaron también con la Liga Escocesa, la Copa de Escocia, la Copa de la Liga escocesa y la Copa de Glasgow. 

La peculiaridad de este equipo, a parte de consagrarse como el mejor equipo en la historia del Celtic estaba en sus jugadores. Todos ellos eran escoceses. Es más, del propio Glasgow o alrededores. Como si de un equipo de barrio se tratase, "The Hoops" practicaban un fútbol vistoso y atractivo, buscando una y otra vez la portería rival.

Centrandonos en la competición europea, se debe mencionar el poderío ofensivo de los escoceses que en el camino a la final de Lisboa de 1967 lograron 15 goles a favor y solo 4 goles en contra. En su andadura europea habían dejado en la cuneta a rivales duros como el FC Zurich en dieciseisavos, el Nantes, campeón francés, en octavos, la Vojvodina, que le complicó la eliminatoria venciendo el partido de ida en cuartos, y el Dukla Praga en semifinales.

La final había llegado. Era 25 de Mayo de 1967 y los "Lisbon Lions" como fueron apodados por los aficionados portugueses, estaban ante la mayor oportunidad de sus vidas de hacer historia. El Celtic de Glasgow saltó al terreno de juego con Ronnie Simpson bajo palos; defensa para Jim Craig, el gran capitán Billy McNeill, John Clark y Tommy Gemmell; el centro del campo era propiedad de Bobby Murdoch y Bertie Auld; en ataque, el conocido como el "pequeño diablo" Jimmy Johnstone por banda derecha, la mayor leyenda del Celtic, Bobby Lennox, como extremo izquierdo y como delanteros, la dupla compuesta por William Wallace y Stevie Chalmers. Estos once nombres, estos once apellidos y estos once hombres, hicieron una de las mayores hazañas que se recuerdan en la historia del fútbol. 

La final iba a empezar francamente mal, cuando en el minuto 6 de partido, Jim Craig comete un claro penalty sobre el delantero "nerazzurri" Renato Capellini, que el gran Sandro Mazzola iba a transformar. Con este resultado se llegaba al descanso. La moral que inyectó Jock Stein a sus jugadores fue tal, que saltaron al césped en la segunda parte convencidos de que iban a ganar la Copa de Europa. El empate a 1 llegó en el minuto 63, obra de Tommy Gemmell. Craig lograba resarcirse del penalty cometido con una asistencia magistral para que el lateral zurdo Gemmell perforara el arco defendido por Giuliano Sarti. El gol de la victoria del Celtic lo logró Stevie Chalmers a falta de solo seis minutos para el final del encuentro (minuto 84). Billy McNeill disparó a puerta con la suerte que el balón golpeó en Chalmers, desviando la trayectoria y haciendo imposible la estirada del meta italiano. El dominio del Celtic había sido escandaloso y, por fin, se coronaban como campeones de Europa. Un dato que refleja el domino del conjunto escocés son los 20 disparos a puerta, más otros tantos fuera que realizaron durante el encuentro, mientras que el Inter de Milán, tras el gol de penalty, tan solo disparó dos veces y no logró forzar ni un asaque de esquina.

El capitán Billy McNeill era el encargado de levantar la Copa de Europa. El grupo de amigos, el grupo de vecinos de Glasgow era un piña, y esa fue la clave que les llevó a conseguir el mayor título europeo a nivel de clubes.



Hace ya 47 años de la gesta de los "Lisbon Lions" pero no cabe duda de que sus aficionados todavía recuerdan y recordarán la única Copa de Europa conseguida hasta el momento por el Celtic de Glasgow y por el fútbol escocés. 

Daniel Grau @14Grau

jueves, 20 de noviembre de 2014

España 2010: Un triunfo inevitable

Nadie pudo parar lo inevitable. Todo hacía presagiar lo que finalmente sucedió, especialmente tras el paseo que se dio la selección de –por aquel entonces- Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, en la Eurocopa de 2008 proclamándose campeona de Europa por segunda vez en su historia. El fútbol es igual o más caprichoso que la vida. Fortuito, aleatorio. Sacudido por olas de azar y espuma de suerte. De los restos de esa tanda de penaltis que ganamos a Italia hace ya seis años nació la consumación de una generación de futbolistas inigualable. Inalcanzable. Mucho se ha escrito y oído de lo que vivieron esos futbolistas. De lo que sufrieron. De lo que lograron. Pero ¿qué vivió, sufrió y logró la afición de la Roja durante el Mundial de Sudáfrica de2010? Sigan leyendo si están preparados para la nostalgia porque toca viajar en el tiempo, sólo cuatro años atrás.

Era el año 2010 y España llegaba al Mundial de Sudáfrica con el colgante de “Campeona de Europa” y la identidad del “fútbol tiki-taca”. El adiós de Luis Aragonés y la recogida de testigo de Vicente del Bosque habían generado muchas dudas en la afición española, pero el despliegue de medios de comunicación de la Península Ibérica y posterior desembarco en tierras africanas unido a la excitación del “Waka-Waka” de Shakira, disipó todas las sombras del fracaso en la mentalidad de España. ¡Había llegado el Mundial! Pero, ¡ay, amigos, qué poco duró la felicidad! Si de algo es capaz la selección de fútbol de nuestro país es de lo mejor y de lo peor al mismo tiempo. Y así fue. El destino se alineó con la suerte y Suiza obró el milagro: 0-1. Primer partido, primera derrota. ¿Qué pasó con esa ilusión desmedida? La afición se echó encima. La prensa se echó encima. Todos nos echamos literalmente encima del entrenador, de los jugadores, de las novias de los jugadores, etc. Los críticos futbolísticos, expertos eruditos en la materia, buscaban alguna explicación grandilocuente de lo que había sucedido. Nadie encontraba la explicación, pero España estaba contra las cuerdas.

La victoria por 2-0 ante Honduras consiguió aliviar ligeramente la herida abierta por los suizos, pero no la curó por completo. La afición se volcó con el equipo mientras la prensa seguía sacando punta a la derrota inaugural y a aspectos extradeportivos de algunos jugadores. El partido ante Chile se convirtió en la primera final de la plantilla de Vicente del Bosque. Un equipo agresivo, duro, insaciable, incansable. Una selección que cumplía con el prototipo de los países Sudamericanos. El conjunto español acabó logrando la victoria por 1-2, sin desplegar su mejor juego y no exenta de sufrimiento. La voluntariedad de los chilenos también ayudó a ello, pues les bastaba con ese resultado para clasificarse a los octavos de final como segundos de grupo.


¡Lo que es el fútbol! De estar eliminados, hundidos absolutamente en la mayor vergüenza, del fracaso nacional y completamente estrepitoso… ¡España pasaba a octavos como primera de grupo! El cruce quiso que el país viviera un duelo casi geográfico, enfrentándonos a la Portugal de Cristiano Ronaldo. El “cerrojo luso” nos mermaba ofensivamente, mientras la presencia de la estrella del Real Madrid creaba peligro con solo respirar cerca de la zaga roja. ¡Y cómo soplaba! El partido avanzaba y con ello comenzaron los nervios en España. Pronto se disiparon cuando Vicente del Bosque dio entrada a Fernando Llorente, que revolucionó completamente el encuentro con sus ganas y su envergadura, volviendo literalmente loca a la pareja de centrales de Portugal. Sin embargo, de sus botas no vino el gol de la victoria. Villa se convertía en leyenda metiendo a su país en cuartos de final: 1-0.

Paraguay esperaba en cuartos. El estado de excitación que provocó la “Roja” en el país era indescriptible. Regueros de personas llenaron las calles con el color de su selección. Un país unido por la sensación de que los paraguayos eran una selección menor, fácil de derrotar. ¡Creíamos que ya estábamos en semifinales y qué equivocados estábamos! La agresividad que desplegó el equipo sudamericano sorprendió a la afición española, que vio pasar el fracaso ante sus ojos cuando Piqué cometía un clarísimo penalti. La estrella de Casillas no dejó de brillar en Sudáfrica 2010 y obró el milagro. Una jugada después, Xabi Alonso gozaba de la misma oportunidad que los paraguayos y perdonaba como ellos. Otra prórroga se avecinaba, pero el “Guaje” se hacía grande y metía a España –por primera vez en su historia- en las semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010.

El éxtasis estalló. La prensa generó tal nivel de hormonamiento futbolístico que generó una ansiedad en la sociedad pocas veces alcanzada. Lo que no haga el fútbol… El partido llegó antes de lo imaginado y las plazas, los bares, las casas, las calles, ¡toda España se llenó para ver el duelo contra Alemania! Final casi anticipada para muchos, los alemanes nos la tenían jurada desde aquel gol de Torres dos años atrás que les robaba la Eurocopa de 2008. El despliegue físico de Alemania hacía pensar en Llorente como arma de destrucción, pero Vicente del Bosque metió a Pedro en el once inicial y el canario se salió. Bailaba con el balón con tanta clase y destreza que la zaga alemana sólo podía observar impasible la calidad del canario. El partido fue de España. Las plazas, los bares, las casas, las calles, ¡toda España confiaba en su selección y sabía que iba a ganar! Sólo era cuestión de tiempo. Y el reloj se paró en la cabeza de Puyol. Su vuelo fue el vuelo de España, su testarazo fue el testarazo de España, su grito fue el grito de España. Su antológico gol es el mejor resumen de aquella generación de futbolistas que tenían el cielo a 116 minutos de distancia.



Y así fue. Ya no importan las ocasiones de Robben, ni el fallo de Cesc, ni la agresividad desmedida de Holanda, ni la derrota ante Suiza, ni las dudas sobre Vicente del Bosque, la novia de Casillas o las sombras de pasado. Ya no importan las lluvias en las plazas repletas de españoles, la angustia en los bares españoles, los gritos en las casa españolas, las pisadas en las calles españolas. ¡Toda España rugió en el 116’! Andrés Iniesta lo hizo. Aquello que nadie creía posible, lo hizo; aquello que generaciones y generaciones de españoles soñaron, lo hizo; unir a toda la sociedad de un país, lo hizo. Del silencio de Iniesta a Casillas levantando el mundo al cielo pudieron pasar horas, minutos y segundos, pero la eternidad que alcanzó España, la eternidad que alcanzamos todos nosotros, María, José, Pedro, Paco, David, Daniel, Víctor, Alberto, Luis, Ana, Marta. La eternidad en una estrella se hizo nuestra. ¿Por qué? Porque nadie pudo parar lo inevitable.



David Lorao @DavidLorao_23